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Política de Infancia y Adolescencia

Política de Infancia y Adolescencia

Relato 3: “Cómo Untarse de los Niños: una Experiencia de Afecto”

May 7, 2010 por Andrea Solano  

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Fecha de inicio: 20/05/2010

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“CÓMO UNTARSE DE LOS NIÑOS: UNA EXPERIENCIA DE AFECTO”

Escrito por:        Laura Esperanza Mazo

                                           Hogar Infantil La Gallina Pecosa

 

La trayectoria que tiene el Hogar Infantil la Gallina Pecosa se remonta a 1975 cuando fue creado en pleno centro de la ciudad. Los primeros usuarios del Hogar Infantil fueron los hijos de los comerciantes y empleados del sector, vendedores ambulantes, lustrabotas, loteros y trabajadores de sectores aledaños cuyo horario de trabajo era de 8 o más horas al día.

 

La infraestructura del hogar infantil era amplia y acogedora, lo que favorecía el trabajo pedagógico, nutricional y social que rige el ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar) bajo la protección y promoción de los derechos y deberes de los niños y educando a los padres en pautas de crianza abordadas en las escuelas de padres. Sin embargo, la infraestructura del lugar se debilitó y el ICBF buscó otro sitio. Desafortunadamente esta casa no cuenta con los espacios adecuados para el proceso organizacional que establece el Ministerio de Educación Nacional y el ICBF; sin embargo, se atienden 205 niños entre los 6 meses y los 5 años de edad.

 

Inicié labores el día 2 de febrero de 2009 y mi primera tarea fue recibir mi grupo de quince chiquitos en su mayoría nuevos, llorando por sentir la sensación del abandono momentáneo. Mi pregunta entonces era ¿cómo acercarme, instruir y formar a estos niños y niñas cuyas familias en su gran mayoría están fragmentadas, muchas sin remedio alguno; otros careciendo de principios, de valores y a mi modo de ver, faltos de afecto, de higiene, alimento y sueño; otros con un aparente exceso de mimos frívolos y sin sentido que intentan ocultar la verdadera realidad, la lucha de supervivencia y la pelea permanente por sobresalir, por surgir sin importar por qué o por cuál camino continuar?

 

imageEn la información recopilada en la inscripción, encontré que muchos de ellos/as eran de familias desplazadas, madres solteras, familias muy numerosas, hijos producto de embarazos no deseados, entre otros. Además, gracias a otras fuentes de información, entendí la tristeza que observaba en los ojos de las mamitas cuado dejaban a sus hijos y les transmitían su bajo estado de ánimo a sus pequeños. Consideré entonces que la principal tarea era llenar de alguna manera esas falencias observadas y que tanto padres como niños/as me aceptaran como parte de sus familias. Esto es importante pues en realidad los niños/as pasan más tiempo al lado de su profesora que con sus familiares.

 

Estudiando nuestro PEI (Proyecto Pedagógico Institucional) descubrí que el Hogar Infantil tiene dentro de su misión formar niños, niñas, familias y comunidades con capacidad de construir y mejorar la calidad de vida, inculcando valores y principios que ayuden a la búsqueda de la paz. Por esta razón, decidí asumir el reto de interactuar e involucrar a las familias de mi grupo para trabajar mancomunadamente en el proceso de formación integral de mis 15 chiquitos.

 

Al enfrentar la labor, noté que el trabajo sería arduo, lo asumí y lo enfrenté pidiéndole a Dios sabiduría y entendimiento para llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Sin embargo, confieso que asumir este nuevo reto era de algún modo algo intimidante, y por eso todos los días al levantarme agradecía a Dios la oportunidad que me daba para aportar un poquito de lo que sé a estas personitas, que de una u otra forma sentía que necesitaban de mi.

 

Mi pequeño  grupo era de grandes gigantes cuyas edades promediaban  entre los 18 y 22 meses de vida, tal vez muy poco tiempo para comprender el porqué de muchas cosas y sin embargo, edad suficiente para haber sufrido golpes, maltratos intrafamiliares y un sinnúmero de situaciones que en un futuro reflejarán y forjarán características de su personalidad. Muchas de estas condiciones también se veían reflejadas en el grupo pues muchos de los niños y niñas eran agresivos, otros inseguros, otros muy dependientes y la incógnita para mi era cómo mejorar todas y cada una de estas problemáticas, cómo indagar más sobre el porqué de estos factores.

 

Comencé por aprovechar los momentos de llegada y salida de los niños para dialogar con las mamás, abuelitas o personas responsables de ellos y buscar un acercamiento con el que ganara la confianza y la ayuda. Muchas mamitas se acercaron a comentarme sus problemas personales; yo siempre las escuchaba siendo muy discreta y ofreciendo tan solo una palabra de aliento.

 

Con el transcurrir de los días, el acercamiento con los padres, con los familiares y con los niños/as fue mejorando pues aceptaban mejor mis recomendaciones para realizar un buen trabajo en equipo y poder enfocar la labor hacia el mismo camino. Les sugería reiterativamente algunas normas del Hogar Infantil que se incumplían en casa, tales como horarios en la alimentación y el sueño, hábitos de higiene, orden en las maletas, entre otras.

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El objetivo principal era involucrar a los padres en nuestro proyecto institucional Conozco mi Entorno, que empezaba en el aula de clase y con los objetos que rodeaban a los niños. Este proyecto debía adecuarse a sus edades. Es de gran importancia que los niños/as se adapten y reconozcan el lugar donde van a estar para que se sientan tranquilos y adquieran un sentido de pertenencia, que lo sientan como su segundo hogar.

 

Se hizo entonces una reunión de padres de familia en la que se les dio a conocer el proyecto institucional y se les solicitó su colaboración para llevarlo a cabo. En primer lugar, se les pidió asistir regularmente a la institución dado que esto ayuda a los niños a tener una mayor integración en su entorno. Luego se les sugirió hablar más con ellos para estimular su lenguaje y lograr que reconozcan los objetos de su salón, su ubicación, su nombre y el de sus compañeros. Se les solicitó guardar las cosas necesarias en la maleta de los niños/as e insistir en el buen trato con los niños/as, lo que implicaba mayor atención, afecto y dedicación por su parte.

 

Aunque hubo compromiso por parte de los padres de familia, siendo honesta con ustedes,  resultaba más sencillo enseñar  a los niños/as que motivar y lograr que los padres cumplieran y se adaptaran a la rutina y compromisos adquiridos. Esto lo digo porque después de un fin de semana los niños/as me llegaban con la colita quemada, con hambre, sin bañarlos, sin sus objetos necesarios en la maleta, golpeados e irritables. Esto demostraba que ese compromiso se rompía.

 

imageResolví entonces comenzar el proyecto a través del juego y el cariño como herramientas indispensables. Les recuerdo que el personaje más grande de mi salón tenía 20 meses de edad; por eso, esta metodología me daba las herramientas necesarias para integrar lo afectivo, lo cognitivo y lo pedagógico en cada una de las actividades. Para poder cumplir con los objetivos del proyecto institucional y amoldarlo a las necesidades de mi grupo, cada fin de semana planeaba todo minuciosamente. Actividades como lectura de cuentos, bailes, canciones, rondas, ejercicios de estimulación, masajes, salir del salón, juegos con fichas y muñecos, entre otros, me sirvieron de base para planear y saber qué iba a hacer cada día. Me di cuenta que poco a poco los niños y las niñas pedían más; querían actuar el cuento, imitar las voces, gestos y movimientos de los personajes. La música que se colocaba en el salón los motivaba a bailar y al mismo tiempo los tranquilizaba, eran actividades que les permitían manifestar alegría, compañerismo, ternura, afecto y muchas otras emociones que también me involucraban a mí.

 

Observaba y descubría múltiples herramientas útiles como títeres, vídeos, juguetes, instrumentos musicales, revistas. Todas me servían para brindarles información y estimular destrezas y habilidades a todos los chiquitos. Sentía que, usando la lúdica como estrategia, debía motivarlos a adquirir conocimientos propios de su edad y a experimentar y manipular los objetos próximos. Para estas edades es muy importante el conocimiento de los objetos cotidianos y su uso.

 

Quería hacer ver la importancia de la comunicación y la socialización en este nuevo ambiente. Explorando todos y cada uno de los objetos que los rodean se promovía su proceso fonético logrando que mejoraran su comunicación oral aumentando los gestos y los balbuceos. Hacíamos un semicírculo y a partir de imágenes, objetos o alimentos, ellos empezaban a pronunciar sílaba por sílaba hasta completar una palabra. Al finalizar los  felicitaba con gran afecto.

 

A la fecha, he notado grandes progresos en mis chiquitos/as. Uno de éstos es el del lenguaje. Ya piden las cosas por su nombre, dan quejas, cantan, dicen el nombre de sus compañeros. En motricidad gruesa también se notan avances, caminan, tienen mayor equilibrio y movimientos más coordinados. Todos/as han subido de peso y talla y lo más gratificante es ver que están afectivamente más tranquilos, más autónomos, son afectuosos conmigo y esto tiene como resultado ver que sí retienen lo que yo les he enseñado, que los padres han reconocido mi labor ya que me lo manifiestan personalmente o con detalles. Me cuentan los progresos que han tenido en la casa y me piden que los ayude a corregirlos cuando se portan mal allá.

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Todo esto me ha llevado a darme cuenta, que más que una profesora, me he convertido en una mamá de 15 niños/as con personalidades, problemas, falencias y capacidades diferentes. Es indiscutible que uno tiene que trabajar con el corazón, buscar las razones de los problemas de los niños, saber qué les pasa y qué sienten. La base para poder lograr los objetivos es “untarse de niño”, de sus problemas, de sus necesidades, de sus sentimientos y no decaer ante las circunstancias de la vida de estos niños.

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